Si es que, como dicen, los hechos fortuitos son los que terminan torciendo la historia, podemos decir que la de Rob Dickinson terminó de plasmarse una tarde en que, mientras improvisaba plácidamente con su guitarra en el living, le acercaron un libro con sonetos de Shakespeare a los que, a modo de improvisación, les puso melodía y voz. “Las melodías bajaron terminadas”, recuerda hoy Dickinson, y agrega: “como si hubiera bajado una luz”.    

     Tres de esos temas, más tarde, formaron parte de su disco “Obsession” (1992), una mezcla de rock y pop con la mejor herencia británica (allí resuenan David Byrne, David Bowie, el Peter Gabriel de Genesis) que fue muy bien recibida por el público y los medios –con presentaciones en radio y televisión- a pesar de ser un argentino, con inocultables raíces y maneras anglosajonas, cantando mayormente en inglés.

     Aquella luz que lo iluminó para componer la melodía de los sonetos de Shakespeare, lejos de perder fuerza, se fue intensificando con el tiempo. Y poco más tarde lo llevó a musicalizar un poema de Edgar Allan Poe, The Raven (El cuervo), que motivó no solo un disco sino también un show presentado en diferentes escenarios de Londres y Buenos Aires. A su vez, inspiró al director Tim Conrad para el proyecto cinematográfico “Terra”, en el que también estuvo interesado Peter Lord, uno de los productores de Peter Gabriel.

     El disco The Raven fue presentado en 1998 con una obra multidisciplinaria, compuesta por el  dramaturgo británico Ivan Briscoe. Auspiciada por el British Council y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, la obra reunió en escena a bailarinas, actores y el propio Dickinson, como punto de partida. Sobre él, dijo Buenos Aires Herald: “Su voz, una maravillosa bestia resonante perdida en algún lugar de la historia, una voz que evoca castillos abandonados y húmedas buhardillas, acompañaba perfectamente la melancólica tristeza del poema”.

     Cierto que antes de eso hubo una larga historia, que podría resumirse en algunos datos. Su nombre completo, al nacer, fue Robert Paul Dickinson. A pesar de sonar tan inglés, nació en Argentina, y esa dualidad, que lo muestra como heredero de nombres y tradiciones anglosajonas, pero anclado en el territorio argento, le imprimen un brillo y una combinación de matices difíciles de encontrar en otro artista.

     Dickinson se formó como músico y actor, nutriéndose de diferentes escuelas y geografías: estudió en Buenos Aires, Londres y Nueva York, donde terminó de plasmar su estilo como cantante y compositor. El actor que llevaba dentro, y que podía observarse en cada una de sus performances, logró su definitivo histrionismo y madurez al formarse con Pepe Cibrián Campoy.      

     Compartió escenarios y grabaciones con algunos de los próceres del rock argentino. De una de sus bandas, Dickinson Power Trío, participó, como tecladista, nada menos que Andrés Calamaro. Luego de la exitosa edición de su tercer disco, Obsession, recibió el reconocimiento del público y sus pares. Por aquella época, no era raro verlo en el escenario de The Roxy, junto a Charly García, y algunos años después fue telonero de la legendaria banda Vox Dei, en el festival de rock “Por nuestros hermanos indígenas”, en San Pedro (2011).

     Pero, como dijimos, la historia, aquella que se modifica e ilumina con hechos fortuitos,  volvió a poner esa luz, aquellas melodías que bajaron solas, frente a él, y es esa historia la que lo está llevando, hoy, a componer los temas que formarán parte de William´s Passion, un disco de sonetos que funcionará, a su vez, como base para un show multidisciplinario de poesía y música en inglés, que muy probablemente seguirá los pasos de The Raven, de Poe.    E.F.

Shakespeare Poe Productions

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ROB'S NEW RELEASE COMING SOON!

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